Con la discreción de la que hace siempre su bandera, el ribereño Fernando Galán es el único vecino –que sepamos- que ha alzado por derecho tanto la Eurocopa como la Copa del Mundo de fútbol, ese trofeo-fetiche codiciado desde hace ochenta por nuestro país y al fin conquistado este verano. Galán, de 36 años, diplomado en Fisioterapia por la Universidad Pontificia de Salamanca y actualmente doctorando en la misma disciplina por la Universidad Rey Juan Carlos, es uno de los afortunados integrantes del escogido grupo que ha conformado la selección española, La Roja, triunfante en Sudáfrica. Desde su privilegiado puesto como fisioterapeuta de la Real Federación Española de Fútbol, nos atiende aún con la resaca de tan apoteósico momento entre medias de sus ajetreadas consultas y con sus merecidas vacaciones en puertas. Todo un campeón mundial tanto en su especialidad como en su trato humano.P. Así, de primeras, una pregunta que me ronda en la cabeza desde hace años... ¿pesa tanto la Copa del Mundo como aparenta? Por cierto, ¿cómo llegó a tus manos en esos momentos?
R. La primera vez que tuve la copa en mis manos fue en el vestuario. He oído que pesa cinco o seis kilos, pero en ese momento no lo notas... Yo creo que toda la gente que toca esa copa tan maravillosa siente una emoción muy especial, es difícil explicarlo. Muchos de los jugadores de la selección ya habían conseguido títulos importantes con sus clubes. Y muchos de ellos ganaron la Eurocopa que fue algo soberbio. Pero creo que los jugadores sintieron una sensación diferente con esta copa.
P. Vayamos al inicio de esta historia, alejada del mundo del fútbol...
R. Hace doce o trece años empecé a colaborar con la Federación Española de Boxeo. Un par de años después comencé a trabajar en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid con la Real Federación Española de Judo. Con la selección de fútbol, con la absoluta, comencé hace ya seis años. Durante unos años compaginaba mi trabajo como fisioterapeuta con el equipo nacional de judo y con la selección de fútbol. Fue una época de muchos viajes, giras, concentraciones, etc… Disfruté muchísimo con mi trabajo con los judokas. No olvido mis orígenes, ni mucho menos. El ambiente que viví en el mundo del Judo fue maravilloso.
P. Imagino que el trabajo con judokas y futbolistas debe ser muy diferente…
R. Es evidente que en el futbolista, excepto en el caso de los porteros, el número de problemas a nivel cervical, de hombros, codos o muñecas es mucho menor en comparación con el judoka. Pero desde un punto de vista técnico, en relación con la forma de tratamiento, el modelo de trabajo es muy similar: en ambos casos empleamos terapia manual, especialmente terapia fascial en las zonas de tejido blando sometidas a mayor sobrecarga, a mayor sobreuso. Si te refieres, no ya a las diferencias en el tratamiento sino en el trato, la verdad, la relación que mantienen los jugadores con todos los profesionales que cuidamos de ellos de un modo u otro es realmente buena. Muy buena.
P. Hasta que cambias los tatamis por el césped...
R. Sí. Con la selección todo empezó en la época de Luis Aragonés, en 2004. Su equipo de trabajo quería cambiar el modelo y la organización del servicio de fisioterapia. Y ahí surgió mi oportunidad de la mano de los doctores Enrique González Ruano y Genaro Borrás.
P. ¿Cuál es el equipo técnico de la RFEF?
R. Actualmente, en el Servicio Médico trabajamos dos médicos: el doctor Óscar Celada, médico deportivo y el doctor Juan Cota y tres fisioterapeutas, Miguel Gutiérrez -que ha participado nada menos que en seis Mundiales-, Raúl Martínez -una referencia en la fisioterapia del deporte- y yo. Además, en las fases finales de las competiciones internacionales aumenta el número de horas de tratamiento y se incorpora un compañero más, Juan Carlos Herranz.
P. ¿Cómo es el trabajo cotidiano en la selección?
R. El trabajo específico con la selección se desarrolla en las fases finales como la Eurocopa, el Mundial o la Copa Confederaciones y para las concentraciones de tres o diez días para partidos oficiales o amistosos. La selección se concentra habitualmente en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas y se suele viajar el día anterior al partido para hacer el entrenamiento oficial por la tarde.
P. Situado en la élite de tu disciplina, ¿en qué grandes eventos has tomado parte?
R. Con la Federación de Judo pude vivir de cerca varios Campeonatos de Europa. La verdad es que me faltó poder acudir a unos Juegos Olímpicos. Habría sido increíble. Espero de verdad que Ángel Parra tenga esa oportunidad en los Juegos de 2012. Con la selección he participado en los dos últimos Mundiales, la Eurocopa de Austria y Suiza y en la Copa Confederaciones en Sudáfrica. En total, más o menos, unos 75 partidos.
P. Una vez allí, ¿cómo se vive en una concentración?
R. Independientemente de si se trata de una concentración corta o de una fase final, el día a día es muy similar. Cuando el cuerpo técnico programa dos sesiones de trabajo cubrimos el entrenamiento y es por la noche cuando dedicamos mayor tiempo a los tratamientos específicos. La mayor diferencia entre una concentración de tres o diez días y una fase final es que la convivencia es más cercana en ésta, por el mayor número de días, por la intensidad con la que se vive una gran competición como, por ejemplo, el Mundial o una Eurocopa. Durante siete semanas somos como una gran familia los jugadores, el cuerpo técnico, los ayudantes...
P. ¿Has notado la presión de tener que poner a punto a quienes llegaron al Mundial tocados? ¿Cuál ha sido tu tarea más complicada en las recuperaciones?
R. Puede existir cierta presión cuando el número de lesionados aumenta, cuando un jugador tarda en recuperarse más tiempo de lo habitual o cosa similar. Afortunadamente, como en la Eurocopa, en este Mundial todos los jugadores estuvieron disponibles para todos los partidos excepto en el caso de Raúl Albiol. De todas formas ayuda muchísimo trabajar con un grupo unido en el que se puedan repartir las responsabilidades, en el que te puedes apoyar en momentos con mayor exigencia.
P. Ahora, en confidencia, ¿son muy quejicas en la camilla?
R. No, no especialmente. A veces algún tratamiento puede ser un poco más intenso, incluso algo doloroso. Por fortuna ellos confían plenamente en nuestra forma de trabajo y eso lo hace todo más fácil.
P. Aún así, ¿con qué futbolista congenias especialmente?
R. Siempre puedes tener mayor afinidad con algún jugador que otro pero como te decía antes, la relación es buena con todos los jugadores, a nivel personal y a nivel profesional. Supongo que convivir tantos días con un final tan increíble como en la Eurocopa y el Mundial puede ayudar a mejorar un poco más la relación y la confianza.
P. Durante los partidos en sí del Mundial, ¿cuál era tu misión?
R. En el momento previo a un partido atendemos al jugador que necesita un vendaje, un último toque. Después del partido revisamos quién ha sufrido algún golpe, quién ha acabado el partido con alguna molestia. ¿Durante el partido? ¿Qué hacía? Con la derrota ante Suiza, los resultados tan ajustados... creo que todo el mundo lo ha vivido de la misma manera, con mucha tensión, con sufrimiento. El día de Paraguay, la prórroga en la final… Uff, final feliz pero hemos sufrido mucho. Pero en realidad para nosotros el momento del partido es el momento con menos trabajo específico. Sin dar nombres, en el Mundial un jugador nos decía siempre en el vestuario, antes de los partidos mientras estaba tumbado en la camilla: «vosotros ya habéis hecho vuestro trabajo, ahora me toca a mí». Todo eso con una naturalidad increíble, entre risas, en un momento de máxima tensión.
P. ¿Cómo recuerdas el día de la final? Las horas previas, durante el partido y al final.
R. Con tensión, por supuesto. Pero sorprendido por la tranquilidad y la normalidad de los jugadores. Confiaban en sus posibilidades, entendían que era una oportunidad única. El partido, ya lo vio todo el mundo, fue muy, muy duro. Pero en el descanso previo a la prórroga lo tenían muy claro. Habría más espacios y llegaría su oportunidad. Es sorprendente, los jugadores transmiten tranquilidad en los momentos más complicados, ganan, hacen felices a millones de españoles y luego siguen manteniendo su humildad… Es alucinante.
P: ¿Eras consciente de toda la «marea roja» que ha tenido el país mientras estábais allí?
R. Sí. El responsable de logística de la Federación consiguió que pudiéramos ver algunos canales españoles en la televisión del hotel. Además hablas por teléfono y más o menos conoces lo que está pasando. Tienes información a través de Internet. Pero nada comparable con la realidad, con lo que vimos directamente al volver a España.
P. ¿Qué es lo que más te impresionó o emocionó en todos los actos –el desfile, las recepciones, las fiestas- del recibimiento en España?
R. Desde que llegamos a Barajas fue todo muy emocionante. Pero creo que el momento más impactante fue el paseo en autobús. Llegar a la Plaza de España colapsada, mirar al frente hacia Callao y ver la Gran Vía absolutamente abarrotada con la gente tan feliz, con ese subidón, a la gente gritando, algunos llorando de alegría. No tengo palabras.
P. Además de la relación con la RFEF, ¿qué otras actividades profesionales desarrollas?
R. Por las mañanas trabajo como profesor en el Departamento de Fisioterapia de la Universidad Rey Juan Carlos. Por las tardes trabajo en consulta en Madrid. Algunos fines de semana participo en diferentes cursos de formación de postgrado. En algún momento, con tranquilidad, me gustaría abrir una consulta con mi hermano en Aranjuez. La demanda de fisioterapia aquí es altísima. Y lo digo con absoluta sinceridad, esto se debe, entre otras cosas, a que en Aranjuez hay muy buenos profesionales de la fisioterapia.
P. Capitán del Ancora y del Real Aranjuez, ¿te queda tiempo para jugar con los amigos?
R. Por supuesto. Me apasiona jugar al fútbol. Como cuando tenía quince años. El problema es que siempre he sido, valga la expresión, «un poco nervioso con el balón en los pies» (risas). Ahora juego en la liga local, con Ventacons. Es una liga aficionada pero jugamos con toda la intensidad que nos permite nuestra edad…